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En febrero y marzo de 2025, El Tímpano invitó a sus suscriptores de mensajes de texto a participar en talleres de poesía para reflexionar sobre sus experiencias durante la difícil época de la pandemia y lo que ocurrió después. Fui su instructora y guía durante este proceso. El grupo trabajó en un círculo comunitario restaurativo, que permitió que todos se turnaran para hablar y compartir sus ideas. Las mujeres escribieron en respuesta a una serie de discusiones e instrucciones que inspiraron la poesía y otros tipos de escritura.

Escribieron poemas y prosa sobre sus vidas y pérdidas durante y después de la pandemia. El impacto de la pandemia en sus vidas, y también en las nuestras, no ha terminado. Sus poemas se convirtieron en un escudo y un círculo para llorar y mirar más allá del horizonte, imaginando nuestra comunidad en un lugar mejor.

Cada una de las participantes tiene una historia de migración: Cruzaron y siguen cruzando fronteras. Esta experiencia ancla y moldea todo lo que enfrentan. Sus dificultades, incluyendo la pérdida de seres queridos por la pandemia y las luchas de la gente trabajadora, templaron sus palabras. Escribir poesía fue otra frontera que cruzaron. Y en el proceso, sus vidas se volvieron inseparables de sus poemas. Y cuando escribes poesía así, surge un nuevo poder.

No hay poder como el de una mujer de clase trabajadora que escribe. La reconocida escritora chicana, Gloria Anzaldúa, lo expresó claramente: “Una mujer que escribe tiene poder, y una mujer con poder es temida”. Pero nuestras poetas no deben ser temidas, sino abrazadas. Sus palabras son nuestras palabras. Ya sea que escriban poesía o no, estas mujeres poetas son nuestras matriarcas anónimas, que mantienen unidas a nuestros pueblos y familias. Y cuando las matriarcas escriben poesía, su poder transforma nuestra comunidad y nuestros sueños de justicia y paz. Ellas hicieron poesía de sus vidas, ofreciéndonos su poder: poesía, vida.

Aquí están sus poemas.


Lo que la vida era

antes de la pandemia

era más abierta,

salíamos con confianza a la calle

y sentíamos que respirábamos

aire fresco.

Lo que me gustaba era

ir de campamento

con la familia y amigos

en la comunidad.

La mayoría

nos conocíamos

en la cuadra,

Compartimos

con los que más confianza teníamos.

Trabajar era fabuloso

y encontraba trabajo más fácil y rápido.

Para mí el desafío era

mi condición médica

porque tenía que ir a las citas médicas muy frecuentes.

Me encantaba caminar

al aire libre

y una vez por semana me juntaba

con amistades a tomar un té o café.

— Felicitas Embriz 


La esperanza nos unió

La incertidumbre llegó

de la mano

del temor.

Apareció presos

de un destino incierto,

con sentimientos encontrados,

descubriendo a cada paso

un camino desierto.

La impotencia se sumó

al desconcierto

con tantas almas perdiendo la batalla.

El miedo

con su manto

nos cubrió,

nos tenía alejados,

completamente

Separados.

Pero la esperanza nos unió.

Llegó justo

cuando era el momento,

dándonos la responsabilidad de cuidarnos para cuidar a los demás.

Y no resignados,

Aprendimos,

aunque apartados,

pero todos juntos

a luchar.

— Angela


Nunca olvidaré

Nunca olvidaré

mientras tenga vida

el cambio que dio

la pandemia.

Sentí morir en agonía,

pensaba en mi familia y amigos.

El oxígeno

en mi cuerpo

se agotaba.

Fui hospitalizada.

Sentí que mi día llegó a su fin.

Le di gracias

a Dios padre

por todo.

Le encomendé

a mis hijas y nietos,

ellas preocupadas

por mi salud.

Sentí el impulso

de ir al ventanal,

ver el cielo azul y estrellado

de la noche.

Mi cansada y débil vista

escudriñó

el firmamento.

Por última vez, doy gracias

por otra oportunidad de vida.

Lo más triste es

que muchos de mis amigos

se me adelantaron.

Vivo con secuelas, pero agradecida.

-Nuria Dardón


La sinfonía

La cuota melódica de los lenguajes vecinos, las T de los dialectos. El sonido del agua del río pegándole a las rocas ancestrales. In the voice of God, “there was no more power, no more truth, no more love.” En la voz de Dios, “no hubo más poder, no más verdad, no más amor.”

De mil amores ni uno más le hacía favores a los demás. De mil amores y ni uno menos quería respeto, pero del bueno. La conciencia colectiva que mientras otros mueren uno está con vida. Qué dolor esas familias. Pero no estaban solas y en las que había festejo.

Cuidarle el volumen a la felicidad que la ausencia duele más cara a cara a la alegría.

— Celia