Eran las cinco de la mañana del 15 de mayo. Me desperté y vi a mi hijo de 21 años en la puerta de mi habitación. “Creo que escuché un ruido afuera”, me dijo con nerviosismo. Salté de la cama y fui a la puerta principal para checar nuestros autos afuera y pensé que seguramente mi Honda Civic no iba a estar donde lo dejé, en el garaje.

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Le dije a mi hijo: “No salgas. Déjame ver en la cámara”. Instalamos cámaras de seguridad cuando nos mudamos a esta nueva casa. Puse la grabación y vi cuando se lo estaban robando. Dos hombres se acercan a mi casa, uno con una gorra azul de los Warriors y el otro con una mascarilla y una gorra oscura de los Pirates. Checan los dos autos estacionados en mi driveway. Primero iluminaron con sus linternas el camión que uso para trabajar, comprobando lo que había dentro. Luego pasan a mi viejo Civic. Miré, impotente, cómo usan un dispositivo para desbloquear la alarma y abrirlo.

Video capturado el 15 de mayo de 2023 por la cámara de seguridad instalada por Rodríguez fuera de su casa. Cortesía de Valentín Rodríguez.

Me mudé a los Estados Unidos hace más de 25 años desde Veracruz, México y desde entonces he vivido con mi familia en Concord. Vine para tener una vida mejor y darles a mis hijos la oportunidad de criar a sus familias en Estados Unidos. Fue difícil ver cómo me robaban delante de mis ojos el coche de mi hija, que tanto me costó comprar hace dos años. 

 Fue difícil ver cómo me robaban delante de mis ojos el coche de mi hija, que tanto me costó comprar hace dos años

Valentín Rodríguez, 53, Concord

Mi hija acababa de mudarse de México y acababa de comenzar su nuevo trabajo en Burger King. Sus turnos son tarde en la noche y su trabajo está lejos, especialmente sin un automóvil. No me parecía bien que ella tomara el transporte público a las 11:00 de la noche. Entonces, le compré el viejo Honda Civic de mi cuñado, y me sentía cómodo y seguro porque mi hija ahora tenía un medio de transporte.

Tres horas después de que reportamos a la policía que el auto había desaparecido, el mismo cuñado que me vendió el auto lo encontró. Me llamó y me dijo: “Oye, ¿por qué está tu coche aquí en este estacionamiento?”. Dejé todo y fui corriendo. Estaba en el estacionamiento de un centro comercial, a unas millas de mi casa y a unas pocas millas del Departamento de Policía de Concord, la misma policía que nos dijo que “estaban buscando el auto”.

Rodríguez guarda en sus archivos las tarjetas de información que le dieron los agentes de policía de Concord luego de reportar dos robos de auto.

Cuando me acerqué al coche, evalué los daños. Estaba aparentemente intacto. Hasta que miré dentro y vi una pequeña bolsa de drogas en el asiento trasero, junto a una pipa. Inmediatamente llamo a la policía. Les pedí que vinieran rápido, que encontré mi auto robado y adentro había droga que no era mía. Estar asociado con las drogas podría poner en riesgo mi vida y la de mi familia.

Me senté en la acera frente a mi auto robado y esperé a que llegara la policía. Y esperé y esperé y esperé. Pasó una hora, llamé a la policía para ver dónde estaban. Dijeron que vendrían y decidí llamar a mi trabajo para avisar que no podía ir ese día. Pasó otra hora y repetí el proceso. Dijeron otra vez que vendrían. Tres horas después llegan, limpian el auto y me dicen que puedo llevármelo. El proceso les tomó unos 20 minutos y yo desperdicié medio día que podría haber dedicado a trabajar.

Rodríguez hace la demostración de cómo instalar un seguro para el volante en el automóvil de su hija, uno de los métodos que utiliza para tratar de impedir que se lo lleven de nuevo. Rodríguez tuvo que gastar más de $1,000 en pequeñas reparaciones y dispositivos de seguridad como consecuencia del más reciente robo. Crédito: Hiram Alejandro Durán para El Tímpano/CatchLight Local/ Report for America corps member

Me pregunto por qué mi familia y yo hemos sufrido tantos robos. Nuestro Honda Civic fue robado dos veces, también el auto de mi hijo, que vive fuera de la ciudad y estaba de visita. Cuando vivíamos en el centro de Concord, vandalizaron el auto de mi esposa y le robaron unos cheques y un dinero en efectivo que tenía de su trabajo de limpieza de casas. Una vez también irrumpieron en mi camión, robaron mis herramientas de trabajo y me costó cientos de dólares reemplazarlas. Cuando nos mudamos al vecindario donde vivimos ahora, que es mucho más tranquilo, pensamos que las cosas cambiarían. No nos imaginamos lo que nos esperaba. Mis vecinos me preguntan: “¿Pero por qué nada más te pasa a ti?”. Mis vecinos son güeros, americanos. Vivimos en una cuadra tranquila que casi parece un callejón sin salida. Entonces, ¿por qué nosotros?

Los ladrones dañaron la carrocería de una de las puertas traseras del Honda Civic que conduce la hija de Rodríguez. El seguro no cubrió ninguna reparación. Crédito: Hiram Alejandro Durán para El Tímpano/CatchLight Local/ Report for America corps member

La primera semana después del robo apenas pude dormir.  Me despertaba con el corazón acelerado y la ansiedad me hacía salir a comprobar que nuestros coches seguían allí. Abría la aplicación de la cámara de seguridad a cada rato solo para asegurarme de que todo estuviera como debería. Por mucho tiempo, ni mi familia ni yo podíamos dormir tranquilamente en nuestra propia casa. Mis hijos no querían dejar las ventanas abiertas por miedo a que alguien trepara. Estas experiencias también nos enseñaron mucho sobre cómo reaccionar ante el robo y tratar con la policía.