Soy de México, y vine a vivir a los Estados Unidos hace 30 años. Durante la pandemia me mudé del estado de Texas a California y he estado trabajando en Eden Church. En la respuesta rápida de Covid que tuvimos fue como empecé a trabajar por primera vez con la comunidad.
Lo que hacíamos era outreach, básicamente se trataba de informar a las personas sobre cómo se sentían y proporcionarles recursos: qué hacer ante los síntomas y qué recursos tenían a su disposición en la comunidad.
Esa fue la primera vez que verdaderamente estuve en contacto con la comunidad.
Lo que parecía que iba a ser solamente por unos meses se extendió a varios años. Cuando empezó el programa de Mentes Fuertes en 2024, un servicio de salud mental, nos recomendaron participar en el programa para que nosotros lo entendiéramos y de allí poder hablarle a la comunidad acerca de eso.
Al principio, no sabía de qué se trataba. Usualmente uno piensa, no sé si lo necesito, yo estoy bien. Y es hasta que asistes a un programa así que te das cuenta de lo valioso que es.
El programa es de diez sesiones, una sesión a la semana. Es muy importante no faltar. Es parte del compromiso, asistir a todas las sesiones. En el grupo mío había 7 u 8 personas.
La primera vez fue un poquito difícil porque entendíamos que era para mejorar nuestro bienestar emocional. Se vuelve un reto personal. No es un requisito que hables y que expongas, puedes escuchar solamente. Lo primero es la confidencialidad. Lo que ahí se habla ahí se queda, vas a estar en una situación vulnerable pero segura. Vas a escuchar situaciones que te pueden recordar cosas de ti misma y eventualmente si quieres compartir lo haces.

Estaba con un poquito de miedo, pero las personas que lo manejan te hacen sentir muy bien, están entrenadas, te generan confianza. Al final terminé muy cómoda y con ganas de venir a la siguiente.
Después de haber asistido al programa, se volvió muy real para mí poder identificar como me sentía y usar las herramientas que había aprendido. Fue muy interesante y se volvió una pasión hablarle a la gente del programa porque pensaba: hay tanta gente así como yo que piensa que no lo necesita y es tan valioso hacerlo.
Yo lo veo, por ejemplo, como si de repente tienes un resfriado es posible que solamente con descanso y con cuidados en casa te puedes recuperar. Pero a veces la salud física requiere más que eso. Puede complicarse y entonces requiere ir a un doctor y recibir medicamentos para volver a estar en una situación óptima.
Es igual con la salud mental. A veces solamente requieres de descanso, de actividades que te distraigan. Pero a veces se puede complicar, y puede ser que necesites algo más hablarlo, terapia, ayuda profesional, e incluso hasta medicamentos.
Ahora entiendo que la salud mental está de la mano con la salud física. Es tan importante una como la otra. Usualmente y especialmente en nuestra cultura, no le damos tanta importancia a la salud mental como a la física, pensando que el tabú que rodea el tema de la salud mental radica en que uno está mal de la cabeza.
[Como promotora] la empatía es muy importante — poder conectar con la gente de la comunidad de una manera real. Siempre hay una oportunidad. Cuando vas a una tienda y saludas a alguien puedes tener una conversación tan casual acerca de la comida y de pronto, presentarme y decirle, ‘Usted vive por aquí, yo también y sabía usted que aquí en la comunidad hay diferentes recursos?’
La gente se va abriendo a la comunicación y desean escuchar. Entre los recursos uno menciona también que tenemos un programa de salud mental. Generalmente la gente se interesa, les damos información por ejemplo; que a veces estamos estresados, a veces tenemos ansiedad y en este programa te ayudan y enseñan a manejar tus pensamientos.
Estamos en tiempos difíciles por cuestiones políticas y económicas por ejemplo: la comunidad con los temas de migración está muy temerosa y con ansiedad. Al hablar con las personas puedes mencionar eso: ‘Wow, qué difícil está todo además las cosas están más caras,’ en cualquier situación tienes una oportunidad de hablar.
La situación de migración, la situación política, los precios y todas esas cosas en común generan estrés, generan ansiedad, y la gente lo expresa. El momento que hablas con alguien y te dicen,‘Ah si, las cosas están muy caras y yo no sé cómo lo voy a hacer’ o ‘Ya no voy a trabajar porque me da miedo,’ y entonces en ese momento es la oportunidad de decir, ‘Bueno, yo lo puedo entender. Nosotros tenemos un programa donde hablamos acerca de las emociones, de los pensamientos, de nuestras preocupaciones.’
Antes, cuando estábamos en la pandemia, la gente estaba encerrada, la situación económica estaba difícil, y los niños no iban a la escuela. Esto generó estrés. Estábamos aislados.
Ahora después de las elecciones se ha incrementado el estrés nuevamente, especialmente por los temas de migración porque en la comunidad hay mucha gente que no tiene documentos o que está todavía en una situación inestable. La gente tiene miedo de salir, las noticias constantemente están diciendo cosas terribles. La gente tiene miedo pero si no salen no tienen como proveer para sus familias, entonces salen pero con miedo y todo eso genera estrés y ansiedad.
Es como otra pandemia.

Pienso que la gente se encuentra en un momento vulnerable y tiene necesidad de hablar. Lo vemos a diario en el trabajo, tan solo al hablar con alguien, enseguida abren sus corazones a nosotros. Es una oportunidad para decirles, ‘Yo te entiendo, porque yo así como todos lo estamos viviendo.’ Si no somos nosotros, todos tenemos a alguien en nuestra familia o nuestras amistades, que están pasando por lo mismo.
Les digo: ‘¿Pero qué podemos hacer? ¿Quedarnos en casa, no salir?’ Pero tenemos que proveer a la familia. Aún con el miedo puedo informarme, puedo prepararme porque es una realidad que algo puede pasar. Entonces ya que me informo sé por ejemplo que no debo abrir la puerta, que no tengo que hablar, es una opción que tengo.
Puedo preparar documentos para que haya alguien que pueda actuar por mí si yo no estoy. Entonces hay cosas que puedo hacer. O si tengo que ir a trabajar, voy a tener cuidado, voy a tomar rutas diferentes, tal vez tengo que cambiar de un trabajo que está más expuesto. Hay cosas que puedo hacer. Les digo
Entonces este programa te ayuda a fortalecer, te ayuda a que los miedos no te paralicen también. Repito: La salud física como la salud mental de nosotros y de nuestros hijos, de todos, es muy importantes.
Entonces yo diría e invitaria que se den una oportunidad de conocer el programa, que no tengan miedo. En los aviones te dicen que te debes poner una mascarilla de oxígeno tú primero para entonces poder ayudar a tus hijos o a tu familia. Las mamás que están al cuidado de sus hijos, los papás que son proveedores, no tienen que mostrarse siempre fuertes. También pueden ser vulnerables y saber que hay ayuda, que hay gente que está dispuesta a ayudar y que tienen que fortalecerse ellos para poder ayudar a sus hijos, y a sus familias.
Este testimonio es parte de Mi Historia, nuestra serie de narrativas en primera persona que amplifica las voces de nuestra comunidad. Si usted quiere compartir su vivencia con nosotros, escríbanos un mensaje de texto al número (510) 800-8305.
