Al final de cada mes, como un reloj, Mery Gutierrez se prepara. Es entonces cuando llegan las facturas y, últimamente, esta mujer de 68 años nunca está segura  si sus ingresos le alcanzarán para cubrir todo lo que debe: alquiler, teléfono, basura y electricidad.

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”Cuando llega el fin de mes, tenemos miedo”, dijo Gutierrez, que vive con su marido de 71 años en Concord. ”No tenemos suficiente para el alquiler, no tenemos suficiente para la electricidad”. Cuando el dinero escasea, recortan la comida: ”Sólo arroz y huevos, y eso es lo que comemos, porque a veces no tenemos suficiente”, dijo. ”A veces tenemos que renunciar a cosas”.

Gutierrez gana 18 dólares por hora cuidando a una mujer mayoren Concord. Si los votantes aprueban una medida electoral el 5 de noviembre para aumentar el salario mínimo del estado a 18 dólares la hora, esa cifra se convertirá en el salario base de California. Si se aprueba, la Proposición 32 aumentaría los salarios de unos dos millones de trabajadores en California, lo que sería el salario mínimo más alto del país. Algunas ciudades del Área de la Bahía, incluidas Berkeley, Oakland, Emeryville y Richmond, ya han aprobado salarios mínimos más altos, pero el salario de 16 dólares por hora de Concord coincide con el del estado.

Gutierrez ya gana 2 dólares más que el mínimo de Concord. Pero incluso así, dice, no es suficiente. ”Todo es demasiado. La basura, la electricidad, el agua”, dijo. Sólo el alquiler consume más de la mitad de sus ingresos mensuales y, aunque consigue trabajo extra limpiando casas, dice que casi no le queda margen financiero.  “Todo es cada vez más caro. Ya no puedo llegar a fin de mes”.

Los problemas de Gutierrez ponen en evidencia la presión que el altísimo costo de vida en California ejerce sobre los trabajadores con salarios bajos en todo el estado, que luchan por mantenerse al día con los desbocados precios de los alimentos, la gasolina y el alquiler. Sus dificultades para salir adelante con lo que pronto podría ser el salario mínimo más alto del país también resaltan la brecha entre el salario mínimo y lo que los expertos llaman salario digno; es decir, la cantidad necesaria para mantener a una persona o una familia.

“Todo es cada vez más caro. Ya no puedo llegar a fin de mes”.

Mery Gutierrrez

En el condado de Contra Costa, donde vive Gutierrez, una familia de dos adultos y dos niños con ambos padres trabajando tiempo completo necesitaría ganar más del doble del salario mínimo propuesto por California para alcanzar el umbral del salario digno, según la calculadora del salario digno del Massachusetts Institute of Technology. Los investigadores estiman que una familia así gasta en promedio 31.282 dólares anuales en vivienda, 35.482 dólares en guardería y 14.734 dólares en alimentación. Para cubrir sus necesidades, los padres deben ganar 37,68 dólares por hora, lo cual está muy por encima del salario mínimo estatal de 16 dólares.

“El simple hecho de tener un empleo en California no garantiza la seguridad económica”, dijo Alissa Anderson, investigadora principal del California Budget & Policy Center. Anderson señaló que la mayoría de las familias de California que viven en la pobreza son familias trabajadoras. ”Muchos trabajadores mal remunerados no se beneficiarán de la Proposición 32 porque ya están ganando por encima del salario mínimo estatal, pero incluso eso no es suficiente para pagar la vivienda, los alimentos y otros gastos importantes”.

Si bien la aprobación de la Proposición 32 podría aliviar cierta presión financiera sobre los californianos de bajos ingresos, Anderson dijo que aumentar el salario mínimo por sí solo no resolverá la creciente tasa de pobreza del estado. ”El estado claramente necesita un enfoque holístico para reducir la pobreza”, explicó, refiriéndose a políticas que aumenten la vivienda asequible, amplíen el acceso al cuidado infantil, reduzcan los costos de atención médica y fortalezcan los programas de protección social.

”Realmente tiene que haber un enfoque integral”, añadió Anderson. ”Esto no se va a arreglar sólo aumentando los salarios. Es una cuestión mucho más amplia”.

Los latinos se ven desproporcionadamente afectados por la crisis del costo de vida en California

El aumento de los precios en California ha afectado especialmente a los latinos, que se enfrentan tanto a mayores tasas de pobreza como a una sobrerrepresentación en trabajos con salarios bajos. El Centro Laboral de la Universidad de California, Berkeley informa de que los latinos constituyen la mayoría de  trabajadores con salarios bajos de California, que ganan menos de 19 dólares la hora. Más de la mitad de todos los trabajadores latinos del estado reciben salarios bajos. 

Al mismo tiempo, el fin de los programas federales de la época de la pandemia ha hecho que la tasa de pobreza entre los latinos aumente bruscamente. En 2023, la tasa de pobreza para los latinos en California era del 25%, frente al 12% en 2021, según datos de la Oficina del Censo de EE.UU. analizados por el California Budget & Policy Center. Para los latinos que viven en el Área de la Bahía, el mercado de vivienda, que está extremadamente caro, añade aún más tensión financiera. Una investigación de United Ways of California muestra que el 49% de los hogares latinos del Área de la Bahía no ganan lo suficiente para llegar a fin de mes.

El 16 de septiembre, El Tímpano les preguntó a nuestros suscriptores al servicio de SMS — quienes en su mayoría son inmigrantes hispanohablantes que viven en el este de la Bahía — cuánto ganan por hora, y cómo les afectaría la Proposición 32. Escuchamos a 95 personas, muchos afirmaron que el salario propuesto de 18 dólares por hora no sería suficiente para cubrir los crecientes gastos de alimentación, cuidado de niños y vivienda. Algunos ganan más del salario mínimo y dicen que siguen teniendo dificultades para pagar los biles hasta el fin del mes.

”Dieciocho no es nada”, respondió un encuestado de Hayward. ”Sólo los adolescentes con su primer trabajo aceptarían ese salario. Una familia de dos adultos y un niño necesita al menos 30 dólares la hora para sobrevivir”.

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Cómo El Tímpano escuchando a la comunidad impulsó esta historia

Los reportajes de El Tímpano sobre las elecciones se centraron en amplificar y abordar las preocupaciones de los inmigrantes latinos y mayas sobre cuestiones clave de la votación. Enviamos mensajes de texto a nuestros miles de suscriptores pidiéndoles a describir sus problemas cotidianos de vivienda, salud y trabajo. Utilizamos sus respuestas para informar nuestra cobertura electoral. 

Lo combinamos con actividades de alcance en persona, en las que los periodistas participaron con nuestros equipos de alcance y participación en eventos comunitarios. En nuestro puesto había una urna llamada “Voz del Pueblo”  para recabar opiniones sobre las principales preocupaciones de la comunidad y entrevistar a los votantes en nuestra actividad participativa. 

Nuestra cobertura tiene la intención de proporcionar a las comunidades inmigrantes del Área de la Bahía información valiosa sobre cómo pueden afectarles las medidas electorales y las propuestas estatales, a la vez que amplificamos sus voces ante los líderes políticos.

Las respuestas de nuestra comunidad coinciden con lo que Caheri Gutierrez, directora de comunicaciones de la organización sin ánimo de lucro Unity Council, con sede en Fruitvale, escucha decir a los residentes de Oakland que ganan el salario mínimo de 16,50 dólares de la ciudad, pero que, aún así, apenas logran sobrevivir. Gutiérrez explicó que Fruitvale, ”la tierra del trabajador esencial”, se vio especialmente afectada por el COVID-19, ya que registró algunas de las tasas más altas de contagio del condado de Alameda. ”Mientras que muchos residentes de Oakland pudieron quedarse en casa durante la pandemia, los miembros de nuestra comunidad salieron todos los días, arriesgando sus vidas para mantener la economía en marcha”, afirma Gutiérrez. La comunidad inmigrante de Fruitvale, mayoritariamente latina, ha luchado por recuperarse de las secuelas de la pandemia, la inflación y el aumento de la delincuencia contra la propiedad que ha atacado especialmente a los negocios locales.

”La gente sigue luchando con el salario mínimo”, dice Gutierrez, y se pregunta si la conversación debería pasar del salario mínimo a “¿cuál es realmente el salario vital sostenible para que la gente prospere?”.

No todo el mundo está convencido de subir el salario mínimo. Gutierrez afirma que el Unity Council también ha escuchado las preocupaciones de los propietarios de pequeñas empresas, preocupados por que la propuesta implique un aumento de los costos laborales, lo que podría obligarlos a reducir los salarios o incluso a cerrar la compañía.

Los partidarios y detractores de la medida discrepan sobre la probabilidad de que esto ocurra.

Los partidarios de aumentar el salario mínimo estatal afirman que sería un salvavidas económico  para millones de californianos, al poner 3.000 dólares al año adicionales en los bolsillos de los trabajadores de tiempo completo. Afirman que no hay pruebas de pérdida de empleo tras los aumentos salariales y que las subidas en los precios son mínimas. Señalan un reciente estudio del Centro Laboral de la Universidad de California, Berkeley sobre el salario mínimo de 20 dólares aprobado recientemente en California para los trabajadores de comida rápida, según el cual el aumento salarial no se tradujo en recortes de personal para los trabajadores, mientras que los precios de los alimentos aumentaron un 3,7% tras la entrada en vigor de la ley. También destacan un estudio anterior según el cual el aumento del salario mínimo de 15 dólares en California no tuvo un efecto medible en la pérdida de puestos de trabajo.

Los opositores, sin embargo, dicen que el aumento del salario mínimo conduciría a recortes de personal, reducción de horas para los trabajadores, precios más altos para los consumidores y un efecto negativo para las pequeñas empresas. Citan estudios de Beacon Economics que relacionan el aumento del salario mínimo con el desempleo juvenil, así como una encuesta de pequeñas empresas realizada por West Hollywood en la que el 42% de 142 pequeñas empresas declararon haber despedido a trabajadores o reducido las horas de trabajo después de que la ciudad aprobara un salario mínimo de 19,08 dólares.

Para Isabel Morales, el salario mínimo es algo más que un duelo de estudios económicos. Morales, de 49 años y residente en Pittsburg, trabaja como promotora de salud en un grupo de organizaciones sin ánimo de lucro del Este de la Bahía que ayuda a familias inmigrantes y de bajos ingresos. En ese cargo, oye hablar a menudo de los sacrificios que hace la gente para salir adelante: dos o tres trabajos para pagar el alquiler, padres solteros que eligen entre el cuidado de los niños y un turno extra, trabajadores de tiempo completo que luchan por llegar a fin de mes con su sueldo. Morales dice que últimamente tiene cada vez más noticias de personas que han perdido su trabajo o les han reducido sus horas de trabajo en sectores como la construcción y el paisajismo.

Morales, madre soltera de dos hijos, siente esta lucha de primera mano. Gana 20 dólares la hora trabajando medio tiempo como promotora de salud y limpiando casas. A final de mes, dice, pagar sus facturas es siempre un equilibrio delicado. Sus mayores gastos —alquiler, servicios públicos y gasolina— se comen casi todo lo que lleva a casa.

“Nunca tengo suficiente”, dijo. En octubre, le preocupa no poder pagar el alquiler mientras se acumulan otras facturas. Mantener la fe en que las cosas saldrán bien, incluso cuando las finanzas están ajustadas, ”es muy difícil”, dice. Pero por el momento está aguantando. ”La clave es no rendirse, hablar claro, defenderse mutuamente. Si estas necesidades nunca salen a la luz, nunca sabremos cómo resolverlas”.